El ecofeminismo emergió en la década de los años 70 durante la segunda oleada del feminismo y el movimiento verde, poniendo el foco en la perspectiva patriarcal-capitalista que impone su supremacía en la mujer, las personas racializadas, las/os niñas/os y la naturaleza.


Es a través de esta dominación y explotación, como el orden establecido por las sociedades occidentales, neoliberales y capitalistas-patriarcales, garantizan el sostenimiento y la productividad de la economía;  siendo  capaz de empujar  en un 75% a la extinción  de la biodiversidad agrícola por interponer su agricultura industrial y sus modificaciones géneticas.

Maria Mies y Vendana Shiva, en su libro ecofeminismo: teoría, críticas y perspectivas, nos sitúa con diversos datos y cuestiones sobre el  gobierno andropocentrista y antropocentrista de la humanidad, los “padres de la destrucción” y los dioses de la modificación genética, responsables de la industrialización y tecnologización de la llamada “vida moderna”.

Fuente: Foto Markus Spiske en Unsplash

Vidas humanas controladas por la sobreproducción del mercado de la comida y todo tipo de materias transformadas; por la industria atómica y las plantas nucleares y; por la industria tecnológica y de la información.

¿Pero a qué conlleva esta forma de vida exacerbada y egocéntrica?

Algunas de las consecuencias que conlleva perpetuar un sistema orientado a la productividad económica y a la ejecución de la vida, son:

  • La violencia perpetuada e invisibilizada sobre las mujeres cosificadas y sobre la naturaleza expoliada.
  • Consumismo exagerado y descontrolado.
  • La creación de súper plagas, súper hierbas, pesticidas y herbicidas cancerígenos que predominan en la agricultura moderna y está presente en la alimentación.
  • Contaminación, enfermedades, expropiación, etc.
  • Creciente cultura de mercantilización donde “la vida no tiene valor y sin embargo, sí tiene precio”.
  • Desvalorización de la vida doméstica y la ecología.
  • Incesantes guerras que destruyen vidas humanas y medios naturales.
  • La desconexión con la madre naturaleza, Gaia, Pachamama,…
  • Hastío al cuestionamiento como forma de generar pensamiento y transformación.

Continuar jugando con la ciencia del terror, producida y reproducida por Doctores Frankesteins para el control de la vida humana y la naturaleza, sólo conllevará a una grave crisis en la humanidad que nos impedirá avanzar y evolucionar.

La desconexión con la madre Tierra nos llevará a su desestabilización como ya se manifiesta  con el cambio climático.

Fuente: Foto Dikaseva en Unsplash

Pero es que, lejos de generar una gran catástrofe natural que pueda provocar la destrucción de la Tierra, algo bastante alejado de la realidad, la humanidad y su civilización se jugaría su propia extinción. Una vida ínfima que se superpone a las demás y que, en su afán de procurar su inmortalidad genera inteligencia artificial para tratar de sobrevivir a sí mismos.

Fuente: Foto Janus Clemmensen en Unsplash

Desde el ecofeminismo, la mujer reivindica su conexión con la naturaleza y denuncia todo tipo de violencia a la que ambas han sido y son sometidas, buscando el bien común en pro de una vida sana y libre de violencia.

Con esto, llamo a reflexionar sobre el camino que está rigiendo en nuestras vidas, de todo lo que nos rodea y que estaba mucho antes de que llegáramos a este planeta.

Recuperemos y cultivemos el respeto por la naturaleza y sus diferentes habitantes. Seamos responsables con nuestro consumo y con toda nuestra praxis en pro de la vida en todas sus formas.

Reflexionemos sobre la transformación de una vida encadenada al hedonismo, al egoísmo y la fatalidad de pensamientos fóbicos a su misma especie, presos del material físico y ausentes de lo esencial.