¡Dame paciencia! es una frase que repetimos muy seguido. Salir de casa a tiempo para el trabajo y el cole. Hacer un pago desde la web de tu banco. Esperar el cambio de luz del semáforo. Son situaciones comunes y de poca importancia que a muchos les hace explotar. ¿Te identificas?

Hoy vamos a un ritmo, donde todo parece urgente. En un mundo donde la comunicación es multiplataforma, responder el móvil, whatsapp, Facebook, Instagram, entre otras redes sociales, más la vida offline que tampoco es simple; cualquier pequeño retraso nos conmociona grandemente a nivel emocional y físico. ¡Pero alerta!, la impaciencia puede dañar tu salud.

La BBC hizo un recuento de las principales enfermedades que puede causar la impaciencia, en un reporte publicado en 2016:  Según un estudio realizado por Economic Journal, la impaciencia puede generar obesidad ya que su consecuente ira y tensión, incrementa la liberación de adrenalina y cortisol, dos hormonas que pueden disparar el aumento de peso de las personas. Por su parte, la Asociación Médica Estadounidense tiene a la impaciencia como factor de riesgo para la hipertensión, incluso en jóvenes. Y finalmente, la Revista PNAS reveló que ser impaciente también puede acelerar el envejecimiento.

Aprende a tener paciencia

Si viviéramos más en el ahora, y menos en preocuparnos por lo que aún no sucede, seríamos más felices. La paciencia es un valor que deberíamos aprender, por nuestra salud y felicidad. Si, ¡aprender! Todos los días puedes realizar ejercicios para tu paciencia. La Asociación Americana de Psicología recomienda estos sencillos ejercicios:

Relájate 

Si acostumbras a estresarte por  cosas que no puedes cambiar, respira. Sí, hazlo correctamente y verás cómo tu humor cambia. Respira profundamente, desde el diafragma. Respirar desde el pecho no te relajará. Imagina que tu respiración sube desde tu “barriga”. Lentamente repite una palabra o frase tranquilizadora como “relájate” o “tómalo con calma”. Repítela mientras respiras profundamente. Visualiza una experiencia relajante sea de tu memoria o imaginación. Los ejercicios pausados como el yoga pueden relajar tus músculos y hacer que te calmes.

Cambia la forma en la que piensas

Las personas enojadas tienden a maldecir, a insultar y a hablar con términos muy subidos de tono que reflejan sus pensamientos internos. Cuando estás enojado, tus ideas pueden volverse muy exageradas y demasiado dramáticas. Procura reemplazar estos pensamientos por otros más razonables. Por ejemplo, en lugar de decir, “Ay, es horrible, es terrible, se arruinó todo,” dí “es frustrante y es comprensible que esté disgustado pero no es el fin del mundo y enojarme no va a solucionarlo.”

Planifícate

Traza un plan y verifique su progreso a medida que avanza. Las personas que tienen problemas con la planificación pueden considerar útil buscar una buena guía para organizarse o administrar el tiempo. Resuelve a dar lo mejor de ti, pero también a no recriminarte si la respuesta no surge de inmediato. Si puedes abordar el problema con tus mejores intenciones y esfuerzo al hacer un intento serio para enfrentarlo directamente, será menos probable que pierdas la paciencia y que cedas a las ideas de todo o nada, aun cuando éste no se resuelva de inmediato.

Mejor comunicación

Las personas enojadas tienden a sacar conclusiones y actuar en consecuencia y algunas de esas conclusiones pueden ser bastante extremas. Lo primero que debes hacer si estás en una discusión acalorada es tranquilizarte y pensar tus respuestas. No digas lo primero que pase por su mente, tranquilízate y piensa con cuidado sobre lo que deseas decir. Al mismo tiempo, escucha con atención lo que está diciendo la otra persona y tómate tu tiempo antes de responder.

Usa el humor

El “humor tonto” puede ayudar a calmar la impaciencia de varias formas. Por un lado, puede ayudarte a tener una perspectiva más equilibrada. Cuando te enojas e insultas a alguien o te refieres a esa persona con una frase imaginativa, detente e imagina cómo sería literalmente esa palabra. Cuantos más detalles puedas poner en tu escena imaginaria, mayor será la posibilidad de que te des cuenta que tal vez estás siendo poco razonable; también advertirá la poca importancia que tienen las cosas por las que estás enojado. Pero, no intentes simplemente “reírte” de tus problemas; en cambio, usa el humor para ayudarte a enfrentarlos de manera más constructiva.

Date un respiro

Asegúrate de tener “tiempo personal” programado para los momentos del día que sabes que son especialmente estresantes. Por ejemplo, una madre que trabaja puede establecer una regla fija de que cuando llega del trabajo, los primeros 15 minutos deben ser un momento tranquilo. Con este breve respiro, se sentirá mejor preparada para manejar las exigencias de sus hijos sin que la saquen de quicio.

Practica estas técnicas a diario. Aprende a usarlas automáticamente cuando te encuentres en una situación de tensión y obtendrás una nueva perspectiva. Combínalas con una agenda de actividades menos intensa y verás resultados. Pero eso si, se paciente, dale tiempo. La paciencia no llega por si sola.